noticia

En algún lugar acaban de apalear a un adolescente,
un pillo de las afueras.
Comía pescado con la cara sucia,
iba a misa
a levantar las faldas de las chicas
bañadas en colonia, vestidas de domingo.
Lo dejaron en un carro de supermercado
como mercancía abandonada.
Su camiseta blanca parecía el mandil de un carnicero.
No era un santo, no era un ejemplo
pero no merecía el martirio del hierro y los cristales.
Ahora está perdido en un camino de invierno
que no lleva a ninguna parte,
en un sueño profundo y equívoco
del que, quizá,
no pueda despertar nunca mañana.
En algún lugar acaban de apalear a un adolescente.
Ya han arrojado serrín
sobre la sangre coagulada
en la pintura blanca del aparcamiento.

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espuma negra

 Una aguja de hielo atraviesa mi corazón,
arco de lluvia sobre la frente
una certeza que me rodea sin alivio
este pasillo de hospital que no se acaba.
El transistor recita efemérides blancas
en el duermevela de los visitantes,
la madrugada
no agota nuestro deseo
de que las cosas ocurran de otro modo.
El borde del tiempo se derrama
por la escalera de incendios
como agua de lluvia
de escalón
en escalón,
sin detenerse.
El café de máquina no es consuelo
apenas templa la fría punzada de la aguja
de hielo.
Una aguja de hielo atraviesa mi corazón,
arco de lluvia sobre la frente
este pasillo de hospital que no se acaba.

geografía urbana

El espacio entre nosotros es ocupado
a diario, por extraños con tribulaciones
de humo que mueren en los charcos.
El espacio entre nosotros apenas
cuatro avenidas con problemas
caminando de una acera a otra.
El espacio entre nosotros
nos ha convertido en dos solares
en mitad de la ciudad.
Separados vacíos
que no aparecen en los mapas.
Separados vacíos,
que no se alcanzan.
Imagen de analogicus

coronación

                                                                                                                               Para Silvia 

Las tardes en la azotea son un largo estar en ti,
te arrojas sobre tu paisaje cuando abro mi cuaderno
pretendo un poema exento de ti
un himno con cuerpo de agua y música
verde.
Tu mano derecha flota sobre algo que levantas
trazas una línea que ocupa el horizonte
un punto de fuga hacia un lugar que aún no existe.
Yo juego canciones y versos arruinados
pretendo un poema exento de ti
pero alcanzo apenas una estrofa
abandono por tus abstracciones
te miro.
Veo el fecundo rostro de un día en ti,
la luz del fruto exacto aquel
esa montaña azul que tejes, nada que duela.
Las tardes en la azotea son un largo estar en ti,
hablamos y tus labios tiemblan fonemas
ráfagas que escapan posándose en caminos
de aire invisibles,
me recreo en ese instante tuyo de duda,
sonríes hacia donde el mundo acaba tu nombre
pareces venir desde una playa antigua de mi infancia,
la tarde de domingo muere
bajo esa constelación que te corona.
Te alejas de tu paisaje de exilio,
veo el fecundo rostro de un día en ti.
Imagen de Barbara A Lane

astronomía y poesía

Las perlas de Baily son unos bellísimos destellos, que aparecen alrededor de la luna en los momentos anteriores y posteriores a un eclipse solar total. Se producen con el paso de la luz por los valles y entre las montañas del relieve lunar. Solo se ven durante la fase de totalidad del eclipse y, como todo lo bello, son efímeras. La ciencia y la poesía van de la mano en más ocasiones de las que imaginamos.