Encuadernamos ideas que la lluvia labra.
La luz es fruto hendido
en la negritud que nos habita.
Crecemos extraviados como árbol
que se enrama hacia la luz del cometa.
Nada se abrirá paso por nosotros.
Ninguna habitación lucirá amable
ni nos tomará de la mano
como a niños enfermos
si no abrimos el corazón a la templanza de la lluvia.
Lo que no se conoce
es lo más cierto en esta vida azul.
Todo aquello que nombro
me conduce hacia la incertidumbre.
Al momento en que los rescoldos se apagan
y el viento deja de soplar, leve.
Décima luna
En la corteza del chopo yacen escritas
a sangre y savia
nuestras iniciales muertas.
La sazón de los frutos
se guarda en bóvedas de agua
que las raíces de los membrillos horadan.
En este tiempo que me aleja de ti como del mar
todo lo que temo vendrá al hombro de la noche
para visitarme entre tinieblas.
Cuando el viento silbe su balada de invierno
sobre la cal del muro
y los pájaros adivinen la lluvia,
alcanzaré la edad del fuego fatuo
y nuestras iniciales regresarán vivas
del instante futuro de la nieve.